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Acelerando

He participado en la lectura continuada que organiza, todos los años, Ámbito Cultural de El Corte Inglés. He leído el poema de Pepe Hierro titulado ‘Acelerando’. Elegí su antología poética como uno de los tres libros que liberé el pasado sábado día del libro. Aún no sé donde se encuentra, pero sí me han llegado noticias de los otros dos libros que liberé:

‘B’ de Alberto Santamaría está en Salamanca: Una chica llamada Bea me dejó un mensaje en el que me contaba que leería el libro durante el viaje y que allí lo liberaría de nuevo.

‘Juventud’ de Coetzee lo encontró una mujer que me dio las gracias por el inesperado regalo que recibió al sentarse en un banco de la plaza del Ayuntamiento.  También lo liberará cuando lo termine de leer.

Me ha parecido una bonita experiencia que quería compartir con vosotros. Los libros libres. Una forma sencilla de celebrar el Día del Libro.

ACELERANDO

Aquí, en este momento, termina todo,
se detiene la vida. Han florecido luces amarillas
a nuestros pies, no sé si estrellas. Silenciosa
cae la lluvia sobre el amor, sobre el remordimiento.
Nos besamos en carne viva. Bendita lluvia
en la noche, jadeando en la hierba,
trayendo en hilos aroma de las nubes,
poniendo en nuestra carne su dentadura fresca.
Y el mar sonaba. Tal vez fuera su espectro
porque eran miles de kilómetros
los que nos separaban de las olas,
y lo peor, miles de días pasados y futuros nos separaban.
Descendían en la sombra las escaleras.
Dios sabe a dónde conducían. Qué más daba. «Ya es hora
-dije yo-, ya es hora de volver a tu casa.»
Ya es hora. En el portal, «Espera», me dijo. Regresó
vestida de otro modo, con flores en el pelo.
Nos esperaban en la iglesia. «Mujer te doy.» Bajamos
las gradas del altar. El armonio sonaba.
Y un violín que rizaba su melodía empalagosa.
Y el mar estaba allí. Olvidado y apetecido
tanto tiempo. Allí estaba. Azul y prodigioso.
Y ella y yo solos, con harapos de sol y de humedad.
«¿Dónde, dónde la noche aquella, la de ayer…?», preguntábamos
al subir a la casa, abrir la puerta, oír al niño que salía
con su poco de sombra con estrellas,
su agua de luces navegantes,
sus cerezas de fuego. Y yo puse mis labios
una vez más en la mejilla de ella. Besé hondamente.
Los gusanos labraron tercamente su piel. Al retirarme
lo vi. Qué importa, corazón. La música encendida,
y nosotros girando. No: inmóviles. El cáliz de una flor
gris que giraba en torno vertiginosa.
Dónde la noche, dónde el mar azul, las hojas de la lluvia.
Los niños -quiénes son, que hace un instante
no estaban-, los niños aplaudieron, muertos de risa:
«Qué ridículos, papá, mamá». «A la cama», les dije
con ira y pena. Silencio. Yo besé
la frente de ella, los ojos con arrugas
cada vez más profundas. ¿Dónde la noche aquella,
en qué lugar del universo se halla? «Has sido duro
con los niños.» Abrí la habitación de los pequeños,
volaron pétalos de lluvia. Ellos estaban afeitándose.
Ellas salían con sus trajes de novia. Se marcharon
los niños -¿por qué digo los niños?- con su amor,
con sus noches de estrellas, con sus mares azules,
con sus remordimientos, con sus cuchillos de buscar
bajo la carne. Dónde, dónde la noche aquella,
dónde el mar… Qué ridículo todo: este momento detenido,
este disco que gira y gira en el silencio,
consumida su música…

De ‘Libro de las alucinaciones’, 1964

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Liberar cultura para ser mejores

Me gusta mucho leer.  Me encanta entrar en las librerías y pasar un buen rato ojeando libros. También comprar, claro, para mí o para regalar.

Empecé mi pequeña biblioteca con los libros que me regalaban en navidad, cumpleaños o que iba comprando con el dinero que ahorraba de las pagas semanales.

Como la de cualquier persona de mi generación, mi biblioteca se fue llenando con los libros de la colección Barco de Vapor, Los Cinco, con libros de aventuras, viajes o piratas.

Recuerdo haber leído y releído ‘La isla del tesoro’ de Stevenson, ‘La reina de las nieves’ de Andersen, ‘Moby Dick’ de Melville o ‘Corazón’ de Amicis.

Más tarde descubrí a Tolkien, Michael Ende, Chesterton o  H.G. Wells, y recuerdo también mi etapa en el instituto, con las novelas de Tom Sharpe, Tom Wolfe o Paul Auster debajo del libro de estudio de turno.

Ahora, con mi hijo Andrés, estoy redescubriendo la literatura infantil, con esas historias tan tiernas y, sobre todo, disfrutando de sus maravillosas ilustraciones.

Hoy, para celebrar de la mejor manera el Día del Libro, además de comprar uno para Andrés, otro para su primo Pablo y otro para mí, voy a liberar tres libros.

Es la primera vez que hago bookcrossing. Me parece una buena iniciativa para compartir y leer libros entre todos los amantes de la literatura.

El primero de los que voy a liberar es ‘Juventud’ de J.M. Coetzee, que me lo regaló mi primo Alex cuando cumplí 30 años. Lo liberaré en un banco de la Playa del Ayuntamiento de Santander.

El segundo es una antología de la poesía de nuestro gran poeta Pepe Hierro, y lo liberaré junto al monumento que la ciudad Santander le dedicó en su bahía, tal y como pidió el poeta: “Si muero, que me pongan desnudo, desnudo junto al mar. Serán las aguas grises mi escudo y no habrá que luchar”.

Y finalmente liberaré ‘B’, del escritor cántabro Alberto Santamaría, editado por la editorial El Desvelo, también de aquí, y lo haré en la Calle del Sol, por ser el lugar de encuentro de creadores y agitadores culturales de nuestra ciudad.

Liberar cultura para que llegue a todo el mundo. Liberar cultura para que seamos mejores como personas.

Esto me recuerda al documental de Gonzalo Tapia sobre las Misiones Pedagógicas que vi hace unos días dentro de las actividades de la Primavera Sol Cultural. En Cantabria, las Misiones Pedagógicas de la II República nos dejaron como legado, además de su filosofía de acercar saber, conocimiento y cultura a los rincones más remotos de nuestra tierra, 80 bibliotecas. Sí, ¡80 bibliotecas! En sólo dos años, muchas más bibliotecas que el Partido Popular en más de 30 años en Santander.

No hay nada más democrático que ampliar el conocimiento, que compartir el saber, y para ellos son fundamentales los libros. En realidad: ¿Qué haríamos sin libros?

Yo quiero que todos los santanderinos tengan una biblioteca cerca de casa, y por eso me comprometo a crear una auténtica Red Municipal de Bibliotecas para que todos los vecinos de Santander tengan cerca este servicio cultural fundamental.

Y me comprometo también a llegar a un acuerdo con la Consejería de Cultura del Gobierno de Cantabria para aprovechar más y mejor la nueva Biblioteca Central, porque creo se pueden hacer muchas más cosas de las que se están haciendo en ese extraordinario espacio.

¡Feliz día del libro a todos!

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